El técnico del Sporting de Gijón, Manuel Preciado, cruzó ayer la frontera que separa la guerra dialéctica, sin maldad y solo con el objeto de defender a tu club, y dió paso al insulto y la incitación a la violencia. Puede entenderse que le molestaran las palabras de Mourinho insinuando que el Sporting no fue con todo su potencial a Barcelona, ese día el Sporting jugó con nueve jugadores de los no habituales (hecho curioso es, que con una alineación parecida el pasado miércoles el Sporting quedó apeado de la Copa del Rey). Es entendible que a Preciado no le gusten algunas de las cosas que hace y dice el técnico portugués, pero de ahí a llamarle “canalla” y a instar a su club a que sitúe al técnico madridista en el Molinon en la grada de los ultras…
El técnico podía haber dado la rueda de prensa sin caer en la descalificación personal y, desde luego, sin caldear el ambiente de una manera desmesurada. Si, por cualquier circunstancia, en el partido de El Molinón se dieran situaciones antideportivas, todas las miradas se volverían sobre Preciado.
La responsabilidad de un entrenador no está sólo en su equipo sino en las cuestiones que lo rodean. Y Manuel Preciado no ha sabido manejar esa responsabilidad. Y con esto, no estoy queriendo en absoluto defender al señor Mourinho, mas que nada porque no lo necesita, lo sabe hacer muy bien el solo.
Solo pido desde estas líneas un poco sensatez, que bastante crispada se encuentra la sociedad con el momento económico actual como para caer en bajezas de este tipo.
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